
Por Rodolfo Maraga
Amanece, canto puro y raíz
en el blanco continente de tu lucha
la memoria inquebrantable que te ayuna.
Vertical, tu cuerpo abrigo
florece en la ternura interminable
de mesas tendidas, de vientos nortes
de aromas a naranjas tempraneras
cuando en Vargas cobijabas los colores
y los mocos niños habitaban tu pollera.
Compañera peregrina de los sueños
enhebrados con hilitos de paciencia
y ese trazo inevitable de los libres
dibujado en el papel como una estrella
se hizo pueblo en el Octubre victorioso
y abrió ventanas de alegrías y tristezas
La noche se pinto de mares y distancias
La impotencia se sentó en las veredas
Imperturbable sicario de traidores
Y el jazmín de regaderas cotidianas
Resistió perfumándose de flores
Lily de las manos mansas
Del abrazo interminable
Compañera de luchas
Caminante de la utopía
Te celebro madre mansa
Hoy, cuando el dolor de tu partida
Abre este pequeño corazón
y lo llena de esperanza renovada.
Sube hasta mi, como un cántaro de justicia
Tu nombre claro, transparencia vital
Y salgo a pelearle a la vida.