viernes, 22 de febrero de 2013
Lyli visita a Negucho en Devoto.
jueves, 31 de marzo de 2011
El hombre que llegó del frío
Por Ana Paoletti
Desde el día anterior todos estábamos ansiosos, la noche prometía ser interminable.
En la cocina, la mami empanaba las milanesas, en eso estaba cuando llegó el papi, con algunos amigos dispuestos a abrirse un vino y comenzar con el festejo. Pero cuando la miró a la cara, supo que el horno no estaba para bollos, así que los despidió rápido y se dispuso a encerar el piso del linving.
A nosotros nos mandaron a dormir temprano. Desde la oscuridad de mi pieza seguía en silencio los movimientos de la casa. Finalmente el sueño me venció.
Por la mañana nos levantamos rápido y sin desayunar, salimos para el aeropuerto. Barajas estaba al lado de la Alameda de Osuna, el barrio donde vivíamos.
Al llegar miramos el tablero y nos acercamos a la puerta por donde saldría. Poco a poco fueron apareciendo los amigos con quienes constituíamos en una gran familia.
El tablero anunciaba que el vuelo ya había aterrizado. Nos acercamos a la puerta, intentábamos ubicarlo a través del vidrio, y en un momento que la puerta se abrió, el papi le gritó: "¡Caaaaachoooo!". Él levantó su brazo saludando en nuestra dirección, sólo podía distinguir figuras borrosas, los cuatro años de cárcel habían deteriorado su vista.
Cuando se abrió la puerta otra vez, me acerqué a un hombre que cuidaba esa salida y le pedí permiso para acercarme a saludar a mi tío. Me dejó.
Caminé nerviosa hacia él, y cuando estuve detrás suyo, tiré de su abrigo. El se giró y me miró con sus ojos hundidos, y con una sonrisa a lo gioconda me dijo " ¿y vos qué hacés acá?".
Cuando en la cinta sinfín apareció su valija, la tomó y nos fuimos de la mano al encuentro de los demás. Apenas cruzó la puerta, mi mamá lo buscó para abrazarlo, y después lo abrazó otro, y otra, y otro... y cuando ya no habían más brazos abiertos, mi viejo, que observaba la escena desde atrás, por fin se acercó. Se miraron y se fundieron en un abrazo que recuerdo eterno.
Los primeros tiempos el tío Cacho vivió con nosotros en casa. Dormía en el diván del living. Cada mañana, con mis hermanas, corríamos a despertarlo. Sabíamos que una historia nos esperaba, o que nos preguntaría sobre nuestros sueños.
Mucho tiempo después supe, y no por él, que también contaba historias a sus compañeros de celda. Y con cada relato, aunque sea por un rato, salían por una ventana y se iban a pasear.
lunes, 21 de junio de 2010
Lily

jueves, 10 de junio de 2010
Polaroids de un 10 de junio

Elsa se sorprendió de escuchar decirse “cuatro años ya”. Le parecieron muchos, y quizás se extrañó, porque no hay día en que no piense en ella.
II
Elsa se descubre un nuevo mechón de canas sobre la frente, como las que ella tenía. Ojalá –piensa– se vuelvan tan dóciles y suaves como las suyas.
II
Una nena de dos años llora en el jardín. Extraño a mi mamá, le dice. La abraza intentando consolarla, entonces Elsa le dice: yo también extraño a la mía.
martes, 27 de abril de 2010
Don Santiago

Salió de la casa y fue hasta el almacén mientras pensaba que La Alameda de Osuna sería un lindo barrio para que disfruten los chicos, donde los edificios estaban rodeados de plazas, donde no hacía falta cruzar ninguna calle para ir a hacer las compras.
Llegó hasta el almacén donde Don Santiago despachaba a una señora.
Entonces el papi pidió unas gaseosas, algún vino, un pedazo de queso, pan y algunas otras “cositas curiosas” como él decía.
–¿Y usté de dónde es?
–Soy argentino, hoy llega mi familia. Somos exiliados políticos– le contestó el viejo, con la certeza de que en esa declaración, estaba uno de sus primeros actos militantes de denuncia de la dictadura militar.
Don Santiago salió de detrás del mostrador y le dio la bienvenida. “Su pueblo –dijo– fue solidario con tantos españoles que partieron a vivir lo que ahora les toca a ustedes. Mi familia encontró en su país un nuevo hogar. Y hoy, invito yo.”
Varios años después, el 9 de diciembre de 1983, cuando ya teníamos todo listo para hacer el camino de regreso a nuestra casa, mi mamá nos mandó a despedirnos de Don Santiago y de Doña Catalina.
No pudo Don Santiago contener las lágrimas mientras nos abrazaba y nos deseaba suerte, mientras, Doña Catalina nos llenaba de caramelos los bolsillos.
martes, 26 de enero de 2010
El botijo de la Nona

